BUENAS PRÁCTICAS DE LIMPIEZA Y DESINFECCIÓN EN ALIMENTACIÓN Y BEBIDAS

Las exigencias en materia de seguridad alimentaria crecen en paralelo a la evolución en los procesos productivos.

Para ayudar a la industria de alimentos y bebidas a cumplir con la normativa vigente en esta materia y evitar posibles alertas, la empresa especializada en higiene industrial, Cleanity, junto con la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), han elaborado un manual de buenas prácticas.

El “Manual de Buenas Prácticas de Limpieza y Desinfección de Industrias de Alimentación y Bebidas” identifica siete retos a los que se enfrentan las industrias alimentarias:
1. Reducción de consumos.
2. Control de las dosis y uso de concentrados.
3. Industria 4.0.
4. Eliminación de contaminantes.
5. Uso de soluciones con menor impacto medioambiental.
6. Gestión y control de residuos.
7. Diseño higiénico.

En lo relativo al primer punto, la edición señala que la reducción de consumos representa una importante preocupación para las empresas, tanto por cuestiones económicas como por impacto medioambiental. En palabras de Mariam Burdeos, Directora general de Cleanity, “esta preocupación se ve claramente en lo que se refiere al proceso de higiene industrial, puesto que lo óptimo y lo que demandan cada vez más empresas es equilibrar el tiempo, la acción mecánica y química y la temperatura para conseguir reducir los consumos garantizando a su vez la seguridad alimentaria”.

Muy relacionado con este primer aspecto, está el reto de controlar las dosis, sobre lo que el manual propone el uso de soluciones concentradas, que aportan diversas ventajas como la optimización de costes de almacenamiento y transporte; la garantía de dosificaciones exactas; una mayor seguridad y facilidad de utilización por parte de los operarios, y la reducción del impacto ambiental.

En tercer lugar, el texto hace referencia a los temas de higiene en el marco de la transformación digital y la Industria 4.0, que son una realidad ya en muchos entornos productivos. En este sentido, recomienda aplicar, por ejemplo, sistemas que permitan securizar los procesos, controlar los consumos, automatizar los pedidos, etc.

Minimizar el impacto medioambiental en las labores de higiene y desinfección industrial en el sector alimentario es un desafío abordado en varios de los epígrafes del Manual de Buenas Prácticas, que recomienda entre otras medidas, la reducción de consumos y el control de dosis
Respecto al cuarto punto, el manual destaca que no es posible garantizar la seguridad alimentaria si no hay una eliminación de los contaminantes que la amenazan. En este sentido, Mariam Burdeos, señala que “la formación de biofilms en instalaciones industriales es una de las preocupaciones actuales de mayor relevancia debido a la capacidad de ciertos microorganismos, entre los que se encuentran muchos patógenos alimentarios, a adherirse y establecerse en las superficies de equipos y conducciones”. Sobre ello, incide en que “cuando un biofilm se forma en las áreas donde se procesan y manipulan alimentos, es muy difícil erradicarlo, ya que en estos entornos húmedos y ricos en nutrientes se favorece la proliferación de los microorganismos”. Además, la matriz del biofilm “impide la penetración de los biocidas disminuyendo su letalidad”.

Como ya se hace referencia en los dos primeros puntos, el uso de soluciones con menor impacto medioambiental representa un reto transversal a todos los demás. Para afrotnar este desafío, desde Cleanity se han impulsado soluciones para las industrias alimentarias que cuentan con una base enzimática que, en el caso de los biofilms, rompen esta matriz permitiendo erradicar los microorganismos.

En el apartado de la gestión y control de residuos, la tendencia es formular los productos en formatos que permitan reducir al máximo el consumo de plástico. Además, también se debe dar una respuesta al proceso de post-limpieza mediante, por ejemplo, soluciones biodegradables que generen menos residuos tóxicos.

Por último, el manual señala que, actualmente, es fundamental saber cómo adaptar los diseños higiénicos a las nuevas instalaciones y maquinarias que se incorporan a las industrias alimentarias. Este proceso pasa por la continua adaptación a las nuevas soluciones de limpieza, productos y métodos de los nuevos procesos productivos y a los objetivos relativos a la seguridad alimentaria que se van planteando.

 

Fuente Techpress

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