¿CÓMO FUNCIONAN LAS OLLAS DE COCCIÓN LENTA?

Como ocurre con muchos productos en los que una marca sirve para identificar una gama, Crock-Pot es solo una firma de ollas de cocción lenta, slow cooker en inglés. Pero al tratarse de la compañía más veterana y popular, este nombre sirve muchas veces para designar en general a este tipo de aparatos.

Evidentemente, y como el propio nombre permite adivinar, una olla de cocción lenta es -sorpresa- un aparato eléctrico que en lugar de aplicar mucha temperatura en poco tiempo permite cocinar a temperaturas más bajas y hacerlo durante más horas.

El resultado son alimentos cocinados en su propio jugo, sin perder propiedades nutricionales por el camino, y que mantienen mejor la textura y el sabor. Al menos en algunos platos.

Su inventor  

Llevan ya unos años por aquí, pero es verdad que siguen sonando a un invento moderno. Nada más lejos de la realidad. En Estados Unidos, las ollas lentas triunfaron ya en los años 70. Al parecer, el creador del invento, Irving Naxon, partió de un viejo recuerdo familiar para hacer realidad esta olla, pensando en cómo muchos años atrás su abuela llevaba a una panadería cercana una cazuela con un guiso tradicional y la dejaba dentro del horno recién apagado para que se cocinara toda la noche con el calor residual. Después de muchos intentos consiguió crear la primera olla de cocción lenta casera que recreaba ese proceso de antaño. Pero sin tener que ir al horno del pan, claro. No es un producto especialmente caro, con una gama que va desde aparatos de unos 30 euros a modelos más sofisticados y que cuestan bastante más.

¿Cómo funcionan?

Básicamente se trata de una olla con una resistencia eléctrica en el interior de su base que se encarga de mantener calor constante sobre un recipiente que se introduce en la olla y que es donde se cocinan los ingredientes. La olla es eléctrica, por tanto tiene que estar en todo momento conectada a la corriente. Se tapa y programa a la temperatura deseada para empezar el proceso de cocción lenta. Depende del modelo tiene más o menos opciones, pero generalmente se pueden programar para empezar a cocinar a una hora concreta, regular la temperatura que queramos, o mantener la comida caliente hasta que vayamos a consumirla. ¿Lo notaré en la factura de la luz? No, las ollas de cocción lenta consumen muy poco. Incluso si están 8-10 horas cocinando, el consumo de electricidad será muy inferior a un rato de horno. Así que la factura de la luz, en este caso, no será el motivo para no usarla.

¿Vale la pena adquirirlas?

Sin duda. El sabor y la textura de los alimentos, en especial de la carne como costillas, que puedes separar de su hueso sin apenas tocarlas. Los guisos también ganan en sabor, las verduras mantienen todas sus propiedades y podemos incluso preparar repostería.

Quienes necesiten hacerse una idea de todo lo que se puede cocinar con estas ollas harían bien en pasarse por Crockpotting, una web especializada en recetas con este aparato. Su autora, de hecho, sacó hace unos años un libro dedicado al tema.

Algunas precauciones

Algunos alimentos no cocinados a más de 70° puede ser un problema desde el punto de vista de la seguridad alimentaria. Incluso algunas legumbres concretas sueltan una toxina peligrosa si no llegan a hervir. Por eso en algunos casos necesitaremos hervir previamente en una olla normal y en otros empezar con la máxima temperatura que nos permita la olla para eliminar las bacterias y bajarla después. Y ojo, porque las ollas de cocción lenta no sirven para todo. Por ejemplo, no fríen ni cocinan arroz y tampoco gratinan, aunque podemos preparar infinidad de recetas con ellas.

Con información de 20 minutos.es

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